La danza clásica con la mirada de hoy



Corporación Cultural Arte+ tiene el agrado de invitar a usted y acompañantes a la última presentación de un ciclo de charlas preparado por el Comité de Danza del Instituto Chileno Norteamericano. La presentación tendrá lugar este martes 03 de agosto, a las 18:45 horas, con entrada liberada, en la Galería Patricia Ready (Espoz 3125, Vitacura. Teléfono 953-6210) y tiene como objetivo mostrar cómo algunos ballets "clásicos" han sido "reinventados" por coreógrafos contemporáneos.
En la ocasión, también el público puede apreciar en DVD las nuevas versiones coreográficas que han motivado este ciclo.

Este martes 03 de agosto, Berthica Prieto mostrará cómo Matthew Bourne transforma la historia de "El lago de los cisnes".

COMENTARIO DE ISIS WIRTH EN "DANZAHOY":

"El público sigue delirando con este 'Swan Lake'. Es lo que quería Bourne: que ese "gran público", grande de verdad, que nunca va al ballet ni siquiera ha oído hablar de Tchaicovski, disfrute la música del ruso. El resto es Broadway, music-hall, y muchísimo cine –la primera pasión de Bourne–, al menos en referencias, tantas que rastrearlas a todas sería armar un mapa bastante completo del cine del siglo XX.

¿Qué hay de malo en el music-hall? El propio Tchaicovski amaba el cabaret, el circo, el music-hall del Petersburgo de su época. Tampoco olvidar que lo que hoy es 'clásico', como el ballet y la ópera, antes era 'popular'. En un proceso post-modernista a su manera, Bourne con este 'Lago' revierte la fórmula de dar al espectador lo 'clásico' por medio de lo 'popular'. Pero sobre todo, no deja de insistir en su extraordinario respeto a la partitura y en su obsesión de coreografiarla en plenitud y no parodiarla.

Lo fundamental en esta versión es que Odette-Odile es un cisne masculino, y el mismo, como Odile, es el 'Extranjero', seductor empedernido y ambiguo que flirtea con la madre del príncipe, destrozando su corazoncito. De otra parte, las relaciones del príncipe con la reina madre no son menos ambiguas (reminiscencia acaso de la versión de Nureyev, que se hizo con anterioridad, pero es válida). Quizá la madre de Sigfrido encarna un ideal tan perfecto para él que el pobre joven se refugia en el amor de una atractiva muchacha que no es de la clase royal. Luego del desengaño, Sigfrido comprende que su ideal es ese cisne-hombre, poderoso y enigmático, con el que sueña. Otro desengaño sigue: su Cisne, como el 'Extranjero' playboy, prefiere a su madre que a él. Demasiado para el inocente Sigfrido de Bourne.

Además del cine, el otro gran polo de referencias es el de las monarquías europeas actuales, especialmente los royals británicos. La acción transcurre en la corte real de Inglaterra, desde los cincuenta del pasado siglo hasta nuestros días, aunque la corte de los Grimaldi de Mónaco es también visible en ciertos momentos, y quien sabe cuántas otras. Sin dudas, Bourne sabe cómo atizar el interés del 'gran público', el que lee tabloides.

Y estos cisnes-hombres son los preferidos en el reciente universo –Mats Ek incluido– de versiones 'masculinizantes' y 'homosexualizantes' de 'El lago de los cisnes'. Porque son auténticos, claros y esenciales: son machos no por un capricho o intención determinada del coreógrafo, sino porque no pueden ser otra cosa. De la misma manera que hay cisnes hembras y machos. Bourne, con la concepción viril que les insufla, crea un nuevo signo del cisne en la danza, esta vez masculino. El femenino –y loado sea, de otra parte– es el de la obra de Petipa e Ivanov. Lejos de ser grotesco este nuevo signo, es bello y poderoso, por la gestualidad y la adecuación coreográfica a su imagen que supo hallar Bourne.

El único pastiche en la obra es un ballet que los royals van a ver al teatro... cuya cortina es la de la Opera Garnier de París. Se trata de una pieza de un romanticismo bien añejo, hilarante a más no poder. Es la mejor parodia balletística que se haya visto. Sin embargo, podría pensarse si esa parodia no es tal, o sea, que se hizo en serio: son los developpés, los entrechats, las attitudes, los arabesques de la época. Por supuesto, provocan la risa. Pero, ¿no dice Bourne que la acción transcurre de los cincuenta hasta la actualidad? Si es así, ni en el Ballet de la Opera de Paris ni en el Royal Ballet de Londres bailan el romanticismo en ese estilo.

Y una última pregunta: ¿no hubiese sido este 'Lago', con un cisne-hombre como ideal inalcanzable y peligroso, el que Tchaicovski habría preferido ver? Tchaicovski compuso el 'Lago' tras el fracaso de su matrimonio. Sublimó su sexualidad –cuya represión lo llevó al suicido, que no murió accidentalmente de cólera– no solamente en la partitura, sino en el propio libreto original de 'El lago de los cisnes', al que mucho contribuyó.

Hoy, estas mistificaciones no son necesarias. No obstante, la fuerza de ese ideal amoroso, sea de un sexo u otro, sigue intacta. La virtud del 'Lago' de Bourne es que lo presenta de un modo imparcial".
 

 
 
 
 
 
 
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