CINE EN LA TARDE

Una feliz rohmería


Corporación Cultural Arte+ y videoclub MundoPlanet lo invitan a usted y acompañantes a la exhibición de "Cuento de Otoño" (1998), de Eric Rohmer. Martes 27 de julio, a las 16:00 horas. Galería Patricia Ready (Espoz 3125, Vitacura. Teléfono 953-6210). Entrada liberada. Se ruega puntualidad.

SINOPSIS Y COMENTARIOS:

Ángel Fernández Santos en el diario "El País", de España: "No hay tregua; una vez vista, la película sigue proyectándose y ocurriendo por dentro".

Esteve Riambau en Fotogramas: "Espléndido regalo (...) Imprescindible".

Carlos F. Heredero en "Cinemanía": "Luminosa, serena, bella".


Alberto Fijo en "FilaSiete": "Eric Rohmer (Nancy, Francia. 1920) se toma las cosas con mucha calma para contarnos otro cuento, el que cierra su serie de las cuatro estaciones. Al viejo superviviente de la Nouvelle Vague le apasiona filmar a personas que hablan al aire libre de una Francia a la que ama con encendimiento poético exento de chauvinismo. Rohmer sigue experimentando con la sintaxis cinematográfica, optando decididamente por la palabra bien dicha, por el diálogo ágil, liviano. El cine del autor francés enriquece sus maneras teatrales con las ventajas de un primer plano, de un sonido que permite la percepción de una confidencia dicha en un susurro, evitando la declamación imprescindible en el teatro. Y es que Rohmer ha sido y sigue siendo un teórico del lenguaje, de la narratología, de la estética.

Se repiten en este cuento otoñal largos paseos de palabras dichas con una naturalidad cautivadora. Una naturalidad que ha fraguado en un guión madurado a lo largo de diez años de horno a fuego lento... Rohmer nos pasea con una delicadeza llena de encanto por una historia de un decidido minimalismo, un enredo amoroso de encuentros y desencuentros que permite una reflexión ética y moral sobre los sentimientos y las motivaciones vitales de dos mujeres maduras de la Dulce Francia. Sorprende la frescura y jovialidad de los intérpretes, que tienen una belleza interior que se va desplegando a ritmo pausado, al ritmo del diálogo sin prisas, al calor de palabras de demora. Las localizaciones en el valle del Ródano son vitales porque Rohmer dice proceder de este modo: 1º: La idea, la historia. 2º: La historia se localiza y se vuelve argumento. 3º: Paisaje, personas y argumento dan lugar a la construcción de los diálogos que constituyen la estructura esencial del edificio de la película.

La sutileza de esta película es similar a la de una breve pieza musical para tres instrumentos femeninos de cuerda. Mucha belleza y hermosura, física y espiritual, madura y juvenil, en el recital de las actrices de Rohmer: Marie Riviere (la madura librera, esposa y madre, Isabelle), Beatrice Romano (la viticultora viuda, Magalí) y la joven Alexia Portal (la deseada, voluble y maquinadora Rosine). Paradójicamente, estamos ante una película de 110 minutos donde la música solo aparece en los últimos tres minutos, cuando empiezan a aparecer los títulos de crédito: tres minutos de letra y música que son un compendio de la lección, antes de que el profesor abandone el aula y se despida de nosotros, los alumnos, con un "seguiremos mañana". La Cátedra del viejo profesor Rohmer, del Departamento de Belleza del Mundo Cotidiano, sigue abierta".

---Lupo en FilmAffinity: "...Rohmer presenta toda esta vida sentimental como un juego, con una libertad inconcebible en un octogenario que transfiere a sus personajes el arte de la maquinación.
Importa, además, la luz que los envuelve y el paisaje. Rohmer tenía la idea abstracta, y cuando encontró el sitio, en el valle del Ródano, lo estuvo fotografiando, mientras la escritura del guión se desbloqueaba. Estudiando a fondo el valle dorado, sus viñedos, el Mont Ventoux al fondo, la historia cobra existencia, se empapa de esa luz.
En 'Cuento de otoño' es una delicia la madurez narradora, la maravillosa definición de los personajes. Rohmer los deja aparecer sin ajustarlos a arquetipos, sin deformarlos con nociones preconcebidas. Se dibujan mediante las situaciones enredosas en que se desenvuelven.

El director queda disuelto, desaparecido. Si otras veces era la cámara quien narraba, y no él, que permanece detrás, en cierto modo afuera, en esta ocasión son los propios personajes quienes con sus maquinaciones van gestando la trama.

Esa autonomía, esa capacidad para ir urdiendo lo que ocurre, incrementa aún más su presencia, el grado de realidad que adquieren. ¡Y eso que sólo son entidades cinematográficas proyectadas fantasmalmente en una pantalla blanca!

Esto lo sabemos, claro, pero lo olvidamos antes de cumplirse el primer minuto. La magia del cine nos lleva a interesarnos por ellos, a seguirlos, intentar adelantarnos a sus reacciones; incluso aconsejarles y advertirles, hablando con ellos en nuestras mentes hechizadas, que entonan en su compañía la canción de la fiesta final, una feliz ‘rohmería’:
“Si la vida es un viaje, ¡que tengas buen tiempo!”.
 
rohmer_ch

 
 
 
 
 
 
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